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  • La Santa Biblia

    I Pedro Versin de Mons. Juan Straubinger

    Libro 67 de la Biblia Catequesis del Papa sobre el Captulo 2

  • I Pedro 2

  • I Pedro 3

    Nota introductoria Simn Bar Jona (hijo de Jons), el que haba de ser San Pedro (Hechos de

    los Apstoles 15, 14; II Pedro 1, 1), fue llamado al apostolado en los primeros

    das de la vida pblica del Seor, quien le dio el nombre de Cefas (en arameo

    Kefas), o sea, piedra, de donde el griego Petros, Pedro (Juan 1, 42). Vemos

    en Mateo 16, 11-19, cmo Jess lo distingui entre los otros discpulos,

    hacindolo Prncipe de los Apstoles (Juan 21, 15 ss.). San Pablo nos hace

    saber que a l mismo, como Apstol de los gentiles, Jess le haba

    encomendado directamente (Glatas 1, 11 s.) el evangelizar a stos, mientras

    que a Pedro, como a Santiago y a Juan, la evangelizaran de los circuncisos o

    israelitas (Glatas 2, 1-9; cf. Santiago 1, 1 y nota). Desde Pentecosts predic

    Pedro en Jerusaln y Palestina, pero hacia el ao 42 se traslad a otro lugar

    (Hechos de los Apstoles 12, 11 y nota), no sin haber antes admitido al bautismo

    al pagano Cornelio (Hechos de los Apstoles 10), como el dicono Felipe lo

    haba hecho con el proslito etope (Hechos de los Apstoles 8, 26 ss.). Pocos

    aos ms tarde lo encontramos nuevamente en Jerusaln, presidiendo el

    Concilio de los Apstoles (Hechos de los Apstoles 15) y luego en Antioqua.

    La Escritura no da ms datos sobre l, pero la tradicin nos asegura que muri

    mrtir en Roma el ao 67, el mismo da que San Pablo.

    Su primera Carta se considera escrita poco antes de estallar la persecucin

    de Nern, es decir, cerca del ao 63 (cf. II Pedro 1, 1 y nota), desde Roma a la

    que llama Babilonia por la corrupcin de su ambiente pagano (5, 13). Su fin es

    consolar principalmente a los hebreos cristianos dispersos (1, 1) que, viviendo

    tambin en un mundo pagano, corran el riesgo de perder la fe. Sin embargo,

    varios pasajes atestiguan que su enseanza se extiende tambin a los

    convertidos de la gentilidad (cf. 2, 10 y nota). A los mismos destinatarios (II

    Pedro 3, 1), pero extendindola a todos los que han alcanzado fe (1, 1) va

    dirigida la segunda Carta, que el Apstol escribi, segn lo dice, poco antes de

    su martirio (II Pedro 1, 14), de donde se calcula su fecha por los aos de 64-67.

    De ello se deduce como probable que el autor escribi desde Roma, quiz

    desde la crcel. En las comunidades cristianas desamparadas se haban

    introducido ya falsos doctores que despreciaban las Escrituras, abusaban de la

    grey y, sosteniendo un concepto perverso de la libertad cristiana, decan

    tambin que Jess nunca volvera. Contra sos y contra los muchos imitadores

    que tendrn en todos los tiempos hasta el fin, levanta su voz el Jefe de los Doce,

    para prevenir a las Iglesias presentes y futuras, siendo de notar que mientras

    Pedro usa generalmente los verbos en futuro, Judas, su paralelo, se refiere ya a

    ese problema como actual y apremiante (Judas 3 s.; cf. II Pedro 3, 11 y nota).

    En estas breves cartas las dos nicas Encclicas del Prncipe de los

    apstoles llenas de la ms preciosa doctrina y profeca, vemos la obra

  • I Pedro 4

    admirable del Espritu Santo, que transform a Pedro despus de Pentecosts.

    Aquel ignorante, inquieto y cobarde pescador y negador de Cristo es aqu el

    apstol lleno de caridad, de suavidad y de humilde sabidura, que (como Pablo

    en II Timoteo 4, 6), nos anuncia la proximidad de su propia muerte que el

    mismo Cristo le haba pronosticado (Juan 21, 28). San Pedro nos pone por

    delante, desde el principio de la primera Epstola hasta el fin de la segunda, el

    misterio del futuro retorno de nuestro Seor Jesucristo como el tema de

    meditacin por excelencia para transformar nuestras almas en la fe, el amor y

    la esperanza (cf. Santiago 5, 1 ss.; y Judas 20 y notas). La principal enseanza

    dogmtica de la II Pedro dice Pirot consiste incontestablemente en la

    certidumbre de la Parusa y, en consecuencia, de las retribuciones que la

    acompaarn (1, 11 y 19; 3, 4-5). En funcin de esta espera es como debe

    entenderse la alternativa entre la virtud cristiana y la licencia de los burladores

    (2, 1-2 y 19). Las garantas de esta fe son: los orculos de los profetas,

    conservados en la vieja Biblia inspirada, y la enseanza de los apstoles testigos

    de Dios y mensajeros de Cristo (1, 4 y 16-21; 3, 2). El Evangelio es ya la

    realizacin de un primer ciclo de las profecas, y esta realizacin acrece tanto

    ms nuestra confianza en el cumplimiento de las posteriores (cf. 1, 19). Es lo

    que el mismo Jess Resucitado, cumplidas ya las profecas de su Pasin, su

    Muerte y su Resurreccin, reiter sobre los anuncios futuros de sus glorias (I

    Pedro 1, 11) diciendo: Es necesario que se cumpla todo lo que est escrito

    acerca de M en la Ley de Moiss, en los Profetas y en los Salmos (Lucas 24,

    44).

    Poco podra prometerse de la fe de aquellos cristianos que, llamndose hijos

    de la Iglesia, y proclamando que Cristo est donde est Pedro, se resignasen a

    pasar su vida entera sin preocuparse de saber qu dijeron, en sus breves cartas,

    ese Pedro y ese Pablo, para poder, como dice la Liturgia, seguir en todo el

    precepto de aquellos por quienes comenz la religin. (Colecta de la Misa de

    San Pedro.)

  • I Pedro Captulo 1 5

    Primera Carta del Apstol San Pedro

    Captulo 1 Prlogo

    1Pedro, apstol de Jesucristo, a los advenedizos de la dispora en el Ponto,

    Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, 2

    elegidos conforme a la presciencia de Dios

    Padre, por la santificacin del Espritu, para obedecer a Jesucristo y ser rociados

    con su sangre: gracia y paz os sean dadas en abundancia.

    Accin de gracias

    3Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Seor Jesucristo que, segn la

    abundancia de su misericordia, nos ha engendrado de nuevo para una

    esperanza viva, mediante la resurreccin de Jesucristo de entre los muertos;

    4para una herencia que no puede corromperse, ni mancharse, ni marchitarse, y

    que est reservada en los cielos para vosotros 5los que, por el poder de Dios,

    sois guardados mediante la fe para la salvacin que est a punto de manifestarse

    en (este) ltimo tiempo. 6

    En lo cual os llenis de gozo, bien que ahora, por un

    poco de tiempo seis, si es menester, apenados por varias pruebas; 7

    a fin de

    que vuestra fe, saliendo de la prueba mucho ms preciosa que el oro perecedero

    que tambin se acrisola por el fuego redunde en alabanza, gloria y honor

    cuando aparezca Jesucristo. 8

    A l amis sin haberlo visto; en l ahora, no

    vindolo, pero s creyendo, os regocijis con gozo inefable y gloriossimo,

    9porque logris el fin de vuestra fe, la salvacin de (vuestras) almas.

    2. Obsrvese la exposicin del misterio de la Santsima Trinidad: el Padre nos eligi, el Hijo

    nos roci con Su Sangre, y el Espirita Santo es quien nos santifica aplicndonos los mritos de Jess

    que son la prenda y el germen de nuestra herencia incorruptible (versculo 4).

    5. La salvacin significa para el Apstol la gloriosa resurreccin de entre los muertos que, a

    semejanza de la Suya (versculo 3) nos traer Jess el da de su Parusa (versculos 7, 9 y 10 ss.), que

    l llama de nuestra redencin (Lucas 21, 28), y que nos est reservada en los cielos (versculo 4)

    porque de all esperamos al Seor que transformar nuestro vil cuerpo conforme al Suyo glorioso

    (Filipenses 3, 20 s.).

    6. Cf. 5, 1 y 10.

    7. Cf. Proverbios 17, 3; Sabidura 3, 6; Eclesistico 2, 5; Malaquas 3, 3; Romanos 2, 7 y 10;

    Santiago 1, 3; Apocalipsis 1, 1.

    8. San Pedro se dispone a comentarnos el misterio de esa segunda venida de Jess y nos

    anticipa el gozo inmenso contenido en esa expectativa que San Pablo llama la bienaventurada

    esperanza (Tito 2, 13). Es, en efecto, propio del hombre el alegrarse de antemano con el

    pensamiento de los bienes que espera. De ah que esta esperanza supone el amor, pues nadie puede

    desear el advenimiento de aquello que no ama.

  • I Pedro Captulo 1 6

    La voz de los profetas

    10Sobre esta salvacin inquirieron y escudriaron los profetas, cuando

    vaticinaron acerca de la gracia reservada a vosotros, 11

    averiguando a qu poca

    o cules circunstancias se refera el Espritu de Cristo que profetizaba en ellos, al

    dar anticipado testimonio de los padecimientos de Cristo y de sus glorias

    posteriores. 12

    A ellos fue revelado que no para s mismos sino para vosotros,

    administraban estas cosas que ahora os han sido anunciadas por los

    predicadores del Evangelio, en virtud del Espritu Santo enviado del cielo; cosas

    que los mismos ngeles desean penetrar.

    Sed santos, pues fuisteis redimidos por la sangre de Cristo

    13Por lo cual ceid los lomos de vuestro espritu y, viviendo con sobriedad,

    poned toda vuestra esperanza en la gracia que se os traer cuando aparezca

    Jesucristo. 14

    Como hijos obedientes, no os conformis con aquellas anteriores

    concupiscencias del tiempo de vuestra ignora