historia del pan

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Historia del Pan.

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  • BUCEANDO EN LA EMEROTECABUCEANDO EN LA EMEROTECA

    ETNOLOGIAETNOLOGIA

    Mensajero

    Por Bizn DO RO

    Como rgano del Apostolado de la Oracin, vea la luz esta pu-blicacin en Bilbao en el ao de 1958, estando dirigida por D. Jos Velasco, S.I., y elaborada por un Consejo de Redaccin constitui-do por: Pedro M de Iraolagoitia, R. Arberas Isusquiza, Gaizka de Usabel y Enrique Larracoechea, corriendo a cargo de la admi-nistracin Jess Leguina, el cual se apoyaba en Publicidad Repex que desde Madrid se encargaba de conseguir una publicidad que ayudara en su economa. En ta-mao folio, tapas en couch a todo color y cincuenta pginas a tres columnas con profusin de ilustraciones, su precio de sus-cripcin para Espaa era de 100 pesetas anuales, estando encarga-da de su impresin la Imprenta y Encuadernaciones Belgas S.L. de Bilbao. Como revista religiosa jug un papel importantsimo en los aos cincuenta y sesenta, re-novndose con posterioridad y manteniendo siempre una lnea constante de actualidad, tanto en

    la informacin, como en la for-macin religiosa del lector, pero sobre todo de la familia espaola catlica a la cual estuvo dirigida desde sus comienzos.

    Se abra con el sumario y dos primeras pginas con la seccin titulada Bueno, Malo, Regular, con unas columnas de textos co-rrespondientes a cada calificacin, abordando estos calificativos so-bre un tema que, con letra negrita, se destacaba en columna parale-la. Le segua La Formacin que abordaba este aspecto necesario segn el Concilio Vaticano, tra-tando se cultivara la formacin humana y cristiana, por ello, en sus nmeros aparecieron te-mas relacionados con la forma-cin sacerdotal, el matrimonio, la paternidad, los hijos, etctera. Misiones, obra indispensable y sacrificada para los hombres que predican la palabra de Dios como catequistas, en las comunidades cristianas alejadas, faltas de recur-sos y en ocasiones bajo condicio-nes infrahumanas, necesitados de ayuda.

    Reportajes sobre el coraje de

    algunos sacerdotes en pases pro-blemticos polticamente. La Es-cuela de Hlder Cmara. Los hippies, abordados como movi-miento antibelicista y su llamada progressive education, algo que inquieta en aquellas fechas. A la vez que se acompaan con estu-dios sobre el prjimo y el mensaje que nuestro vecino nos enva. Una extensa relacin de Libros de Educacin con referencias des-de los ms elementales a los ms profundos. Padres e Hijos, au-tntico dossier y prcticamente una escuela de padres, que por ca-ptulos adentra a los espaoles en la no fcil tarea de la paternidad. La otra cara de..., pginas que nos hacen presente la vida en los suburbios de las capitales de Es-paa, algo prximo a nosotros. Las Novedades del Mensajero, publicaciones editadas por esta re-vista con impreso para cortar que sirve como Boletn de Pedido.

    Unas pginas dedicadas a La Iglesia en el Mundo son el no-ticiario ms completo del acon-tecer en torno a la Iglesia y a sus miembros, tanto eclesis-

    ticos como seglares. Unas sen-cillas publicidades de productos farmacuticos y de academias por correspondencia, acompaan a una curiosa seccin titulada Ban-co del Corazn de Jess donde a rengln seguido se comentan ayu-das recibidas, y peticiones que por

    autnticas necesidades surgen. Si-guen dos pginas de Consultas y Respuestas, algo imprescindi-ble en unos aos en los que las dudas surgan a todos los cristia-nos. Algo que se acompaa con dos pginas tituladas Carta de ms, carta de menos.

    del Corazn de Jess

    Por Bizn DO RO

    ANTECEDENTES HISTRICOS

    El pan nuestro de cada da, d-nosle hoy....

    Este pan nuestro ha constituido el primer incentivo de nuestra vida porque de l ha dependido la sub-sistencia de toda la familia. Ganar-se la vida ha sido ganarse el pan, pues desde aquel lejano da en que Yahv castig la desobediencia del primer hombre, lo conden a ga-narse el pan con el sudor de su frente. Momento que marca inde-fectiblemente el alimento, el pan, sobre el que girar en gran parte la Historia, pues si las malas co-sechas no daban pie a las guerras de rapia, la carencia de trigo para elaborar ese pan diario s que ha desencadenado revueltas sangrien-tas.

    Durante el periodo Neoltico, sa-bemos que los naturales de estas tierras elaboraban una especie de pan con la harina de las bellotas, pero luego se desarroll un trigo panificable del cual descienden los de hoy en da utilizados en la pani-ficacin. Este trigo era ya utilizado en Mesopotamia.

    Fueron primero los orientales quienes se prepararon los hornos para cocer el pan; Moiss hace mencin de stos en varios pasajes del Antiguo Testamento; los grie-gos imitaron y la figura del panade-ro aparece claramente en torno a los siglos VI y IV a.C. en las ciudades griegas, asumiendo en ellas las la-bores de molienda y panificacin al mismo tiempo; ms tarde seran los romanos que tostando trigo y lue-go convertido en harina lo panifica-ban. Juvenal sentenci cnicamente aquella frase de que a Roma se le apaciguaba con pan y circo. Inclu-so el Senado hall la frmula de

    Historia del Pan (1)la llamada pax romana, por lo menos la interior, repartiendo ho-gazas de pan gratuitamente a todos cuantos ostentaban la ciudadana romana desde el ao 123 antes de Jesucristo, una ingeniosa forma que les permita, a la vez, tener censada a la gente y con ello controlada la poblacin. Fueron igualmente los romanos los que establecen hornos pblicos, que en los comienzos no eran ms que una especie de gran-des calderas de bronce. Durante el reinado de Tarquino el Soberbio, los romanos comenzaron a cons-truir hornos de mampostera, algo ya fijo y, sobre todo, slido. Des-pus de Plinio, en el ao 168 a.C., son los romanos los que demandan

    y hacen venir a panaderos atenien-ses, ya que era muy renombrado el pan de su ciudad por la buena calidad. Haba personas encargadas de encender y mantener el horno. Muchos de stos mantenan las dos funciones, la coccin y la moltura-cin, o sea, en los mismos locales se converta el trigo en harina y en pan sucesivamente.

    Posteriormente los ciudadanos fueron autorizados a construir hor-nos y, como siempre, muy previ-sores, dictaron leyes en torno a las precauciones a tomar contra los in-cendios; debemos tener en cuenta que en la legislacin romana se ba-san todava muchas de las leyes actuales. No es de extraar, pues,

    que el Derecho Romano legislara que cuando un horno era construi-do contra un muro medianero, el propietario de la casa vecina poda obligar al dueo del horno a repa-rar los daos causados por la proxi-midad. Igualmente, legislaba que el constructor deba dejar un hueco de seis codos entre el horno y las ca-sas vecinas, a la vez que reglamen-taba la altura que deban alcanzar las chimeneas. Todo, pues, estaba controlado y son los mismos roma-nos los que llegan a fundar un Co-legio de Panaderos, obligando a los que pertenecan a permanecer en l; sus hijos no eran libres de salirse y las esposas e hijas deban perte-necer al mismo. Se les puso en po-

    sesin de todas las panaderas que existan, as como de los muebles, esclavos y animales, se aadieron tierras y heredades; no se escatim nada para ayudarles en su trabajo y en su comercio, con el fin de tener un buen pan. Eran los ms prote-gidos dentro del Imperio Romano, porque, incluso, el trigo de los gra-neros era confiado directamente a los panaderos. Solamente en Roma, bajo el Imperio de Augusto, haba 329 panaderas pblicas repartidas por todos los barrios.

    El consumo de pan era consi-derable y, segn nos relata Mar-cial, hacan para el desayuno de los nios, bollitos en forma de seta, media luna, trenza y otras figuras prximas al mundo infantil, aunque preparados con masa dulce y que alguna de estas formas ha llegado hasta nuestros das en esas trenzas y lazos que todava hacen los pana-deros altoaragoneses.

    Diario del AltoAragn Domingo, 11 de agosto de 20022

    Diario del AltoAragn - 11/08/2002. Pgina 7

  • BUCEANDO EN LA EMEROTECABUCEANDO EN LA EMEROTECA

    ArteguaBizn DO RIO

    Como gua mensual de las ar-tes, se inici la andadura de sta publicacin, absolutamente in-dependiente, que vea la luz sin ninguna clase de subvencin ni ayuda. Por lo cual, sus nmeros llegaban al lector libres de in-fluencias o compromisos dando como resultado una informacin de la ms total objetividad.

    Ofreca en sus pginas al lec-tor, as como a las Galeras de Arte, una informacin puntual de todo lo que estaba sucedien-do en el veloz y constante deve-nir del arte, en aqul su primer ao de edicin en 1974 en que surgi como publicacin en la capital de Espaa.

    Se iniciaba cada nmero con un editorial en el que se verta un breve comentario del momento artstico, seguido de la relacin de exposiciones del mes en las Galeras de Madrid, de Barcelo-na y resto de Espaa, al igual que las exposiciones de Nueva York, Alemania, Inglaterra, Francia, Italia, Suiza y Blgica.

    Una seccin titulada Im-genes del mes en la que una amplia muestra de fotografas recoga el espectro de arte ex-puesto en todo el mundo, acom-paado de cuidadas entrevistas a diferentes artistas destacando al-guna de sus obras.

    Retratos, era una seccin del conocido crtico de arte Mi-guel Fernndez Braso, en la que aparecan semblanzas de artis-tas, algunos muy conocidos ya en el mundillo de las artes plsti-cas espaolas e incluso interna-cionales, pero tambin otros que iniciaban su carrera en ese difcil mundo. En Retratos aparecen esas figuras, pero nicamente sus perfiles humanos, sin casi referencia a su obra. Es decir, esbozos de su personalidad hu-mana y su circunstancia vital, al decir Orteguiano.

    Premios y Concursos, con las convocatorias, bases parti-cipativas, premios, convocato-rias de los Crculos Artsticos, Premios Nacionales, Diputacio-nes Provinciales, Delegaciones de Educacin y Descanso, Bie-

    nales de los Ayuntamientos, Pre-mios de las Cajas de Ahorros, de Fundaciones, en suma, la infor-macin de todo cuanto deseaba el artist