Estructura social agraria y agroindustrial del nordeste de ... Estructura social agraria y agroindustrial del nordeste de la Argentina: desde la incorporacin a la economa nacional al actual subdesarrollo

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55Estructura social agraria y agroindustrial del nordeste de la Argentina: desde la incorporacin a la economa nacional al actual subdesarrollo concentrador y excluyente1Daniel SlutzkySobre los ciclos social agrarios de la regin NEAEl anlisis que hemos desarrollado de la evolucin socio-econmica de la regin parte de la hiptesis general de las cambiantes formas de ar-ticulacin de la regin con las modalidades del desarrollo nacional. Y ms particularmente, que esa evolucin muestra que la regin se incorpora y participa de tales modalidades dominantes del desarrollo nacional. Esta hiptesis que rememora las ideas de la teora centro-periferia a lo interno de los pases dependientes la hemos desarrollado en detalle anteriormen-te para el caso del Chaco (Slutzky, Brodersohn y Valenzuela, 2009), y la consideramos aplicable al conjunto de la regin.De esta forma sealamos sintticamente cuatro ciclos del desarro-llo regional que referenciamos en el tiempo y que nos permiten identi-ficar las modalidades socioeconmicas dominantes en los mismos. Estos cortes temporales no significan que lo que caracteriz un momento deja de existir en otro, sino que va perdiendo importancia paulatinamente en relacin del nuevo desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones sociales que origina:1. La insercin original de la regin en el modelo agroexportador nacional;2. El ciclo de auge del mercado interno y de sustitucin de im-portaciones;3. La larga depresin econmico-social regional y la reestructu-racin productiva;4. La situacin actual de redefinicin de la insercin regional en la economa nacional: crecimiento productivo, concentracin econmica, nuevo dinamismos de la agroexportacin a partir 1 A mi hermano Samuel L. Slutzky, vctima del terrorismo de estado. A Fuyita, compa-era de los desafos de la vida.56de los recursos naturales y crecientes niveles de exclusin so-cial;5. Las paradojas- contradicciones del crecimiento econmico: para qu, para quienes.La insercin original de la regin en el modelo agroexportador nacional (aproximadamente hasta la dcada del 30) La regin se incorpora a la economa agroexportadora nacional como proveedora de productos primarios al mercado internacional, de-mandados por la economa central Inglaterra- y parcialmente el resto de los pases europeos: El auge ferrocarrilero de fines del siglo XIX y comienzos del XX impulsa la demanda de madera dura como el quebra-cho colorado para durmientes y construcciones diversas. El desarrollo manufacturero del centro demanda tanino para el procesamiento de cue-ro y otras aplicaciones. El quebracho colorado- materia prima para esas producciones- se encontraba a nivel mundial concentrado casi exclusiva-mente en el NEA: Chaco, Formosa, norte de Santa Fe. El crecimiento de la poblacin de las economas centrales y particularmente de la poblacin urbana multiplica la demanda de alimentos baratos para la reproduccin de la fuerza de trabajo industrial. La regin contaba con recursos natura-les que permitieron la produccin de carne enlatada, congelada- para la metrpoli. En Corrientes se instalan los grandes frigorficos exportadores de carne de la regin. En el rea misionera, la existencia de madera va-liosa constituy tambin parte de la explotacin de recursos naturales para la exportacin bsicamente, aunque tambin, en este caso, si bien marginalmente, para el mercado interno del litoral con un significativo crecimiento poblacional, que requera una demanda considerable de ma-dera para la construccin. Otras producciones menores tambin estaban dirigidas bsicamente al mercado externo: la incipiente produccin de algodn, el Tung, etc.El estado nacional paviment el camino para la penetracin del capital ingls en estas producciones: mediante el reparto de enormes ex-tensiones de bosques de madera dura y de tierras muy frtiles para la produccin vacuna. tierras entregadas a La Forestal y a diversos frigor-ficos- entre ellos el Liebig, la construccin de infraestructura ferroviaria desde el NEA a los puertos del Litoral, la libre importacin de insumos industriales y maquinaria que requera la industria taninera, etc., que 57asientan las bases del desarrollo regional mediante la extradicin de re-cursos naturales.La privatizacin de las tierras pblicas de estos territorios nacio-nales hacia fines del siglo XIX y comienzos del XX se realiz en grandes bloques de superficie con lo cual resultaron beneficiarios, aparte del capi-tal extranjero, un reducido nmero de personas fsicas y jurdicas todas ellas vinculadas directamente al poder central y, en ese momento, a la oligarqua terrateniente pampeana que por dcadas mantuvo enormes extensiones de tierras del NEA bajo una rudimentaria extraccin forestal -principalmente de madera dura y especies valiosas- y posteriormente como tierras en reserva a la espera de su valorizacin que se fue dando con el tiempo. Como hecho anecdtico sealemos que recientemente el grupo Bemberg uno de los grandes adjudicatarios de tierras pblicas de esa poca- vendi un rea importante de bosques a la empresa Alto Paran en Misiones.Se constituye de esta forma una economa extractiva de los recur-sos naturales con islas de procesamiento industrial -fbricas de tanino y frigorficos-, con una presencia muy importante del capital ingls que por muchos aos de dinamismo de estas actividades, remita importantes excedentes de capital al centro dominante.La explotacin forestal y ganadera, particularmente la primera de ellas por la importante incorporacin de mano de obra para actividades manuales -hacheros, trabajadores del obraje, transporte de los rollizos ha-cia los centros de acopio mediante carretas tiradas por bueyes, puesteros en la ganadera, etc.-, encontr una poblacin nativa de las provincias del NEA, de las vecinas y tambin del Paraguay en disponibilidad para engancharse en estas actividades que, an en las condiciones imperantes, eran las nicas que en ese momento podan ofrecer un ingreso monetario de sobrevivencia.Si bien estas son las actividades productivas y las formas de explo-tacin ms caractersticas del perodo, se debe indicar que la actividad obrajera, una vez extrado el quebracho y la madera valiosa, se volcaba a la produccin ganadera en todo el NEA. Por una parte, por la actividad que realizaban las mismas empresas forestales y tambin los contratistas de dichas empresas cuyas cuadrillas penetraban el monte obteniendo los troncos. Y por otro, la propia empresa se desprenda de partes del monte ya explotado y se lo venda a estos contratistas que paulatinamente fue-ron constituyendo un sector de medianos ganaderos locales.As mismo, en la segunda dcada del siglo XX comienza una inci-piente produccin de algodn, muy limitada en comparacin al perodo 58posterior, que tuvo en el Ministro de Agricultura nacional, Le Bretn, uno de sus ms firmes impulsores. Esta era hasta ese momento una produccin marginal de la tambin marginal industria textil: las hilanderas y teje-duras existentes en el pas en este perodo. Hasta bien entrada la dcada del 30 Argentina era exportadora de algodn e importadora de telas y indumentaria en base al textil. Por otra parte, hasta el segundo decenio del siglo XX la inmigracin extranjera que ser la dinamizadora de la pro-duccin algodonera en la regin, encontraba insercin productiva como arrendatarios en la zona pampeana, rea prioritaria que buscaban esos inmigrantes. Poco a poco estas posibilidades de insercin en la zona ms rica del pas se hacen cada vez ms difciles y es cuando la inmigracin extranjera se orienta hacia otras regiones, por ejemplo el NEA.El obraje, as como la actividad ganadera, constituan formas de produccin capitalistas, en donde el capital subordinaba al trabajo no mediante las formas tpicas del capitalismo industrial -mano de obra libre asalariada-, sino bajo formas de reclutamiento que implicaban coaccin extraeconmica -traslado mediante conchabo al interior del monte, pago mediante bonos canjeables por mercadera de subsistencia en la pulpera de la propia empresa o por el patrn de la estancia- con lo cual se ge-neraba un sistema de dependencia por las permanentes deudas de los trabajadores que tenan la opcin de permanecer en el obraje enfrentando esas deudas o salirse del sistema con la posibilidad de ser reincorporados por la fuerza pblica. Socialmente esta situacin implic en trminos generales, una po-blacin de las principales actividades productivas, con un muy bajo poder adquisitivo, con condiciones de vida muy excluyentes en lo que hace a salud, educacin, condiciones de la vivienda, etc. No conformaban un mercado interno regional que pudiera facilitar el desarrollo de otras actividades y producciones -comerciales, industriales, de servicios- que impulsaran derrames externos en el conjunto de la sociedad. El ciclo de auge del mercado interno y de sustitucin de importaciones (aproximadamente 1930-1970)Como efecto general de la Gran Crisis de los aos 30 con el deterio-ro de los precios de las commodities que el pas exportaba, se encarecen los productos procesados/industriales que el pas importaba, constitu-yendo de hecho un estmulo a la sustitucin de las mismas. Por otra parte, el centro dinmico de la economa mundial deja de ser Inglaterra 59y pasa a los Estados Unidos con una produccin agropecuaria competiti-va con la nuestra en algodn, cereales y carne. Y, por tanto, este centro mundial, a diferencia del anterior, no busca la importacin de esas mate-rias primas que produce en su propio territorio; la demanda externa del nuevo centro hegemnico no constituye un elemento dinamizados de la economa nacional. En nuestro pas, paulatinamente se fue constituyendo un mercado interno especialmente en la zona del litoral, con cierto nivel adquisitivo por lo menos para los bienes salarios, que se fue constituyendo como consecuencia del auge de construccin ferrocarrilera, los puertos, la in-fraestructura elctrica, la industria frigorfica pegada a los puertos, la incipiente industria de alimentos, bebidas, cigarrillos, etc. Tengamos en cuenta que la Argentina era un pas vacio de poblacin que pudiera integrarse a una explotacin capitalista como la requerida para las acti-vidades sealadas, y que en trminos de la elite dominante. La poblacin indgena no contaba con esas cualidades: es decir, tena cultura, formas de vida, productivas y sociales, propias pero incompatibles con un desa-rrollo capitalista, por lo cual la solucin era la conquista del desierto para apropiarse, entre otras cosas, de sus tierras y repartirlas entre los nuevos dominantes, y paralelamente auspiciar las inmigracin masiva del exterior para cumplir ese rol. Y esta es una diferencia importante en relacin al resto de los pases de Amrica latina que tenan una poblacin trabajadora disponible localmente para integrarse a la explotacin cafe-talera, azucarera, minera, bananera, etc., que experimentaron amplias zonas de Centro y Sudamrica en la etapa de desarrollo hacia afuera., manteniendo condiciones de vida de las economas de enclave.En el caso de nuestro pas, la poblacin inmigrante incorporada a la anterior etapa agroexportadora emigra hacia estas costas para ha-cerse la Amrica, es decir, atradas por las posibilidades de mejorar sus condiciones de vida en relacin a sus lugares de origen del viejo mundo. Y de alguna manera, encontraron aqu esas condiciones y paulatinamente fueron constituyendo un mercado interno con poder adquisitivo: recor-demos, por ejemplo al respecto, la migracin golondrina que llegaba a nuestro pas para las cosechas pampeanas y que retornaban a sus pases de origen una vez terminadas esas cosechas, habindose pagado el pasa-je, subsistiendo durante ese perodo y llevndose algunos ahorros para la familia que dejaron en los mismos. Sin este atractivo, era difcil que llegaran.Este contexto se convierte entonces en condiciones favorables para el desarrollo de producciones para ese mercado interno en expansin y 60para sustituir importaciones; y estas condiciones nacionales unido a re-cursos naturales existentes y a tierras pblicas, entre otras variables, se daba en las regiones perifricas a la pampeana que auspiciaron el creci-miento de la produccin algodonera, yerba mate, tabaco, carne para la propia poblacin regional, incipiente produccin de t e incluso creci-miento de producciones tpicamente pampeanas como trigo, girasol, etc. De esta forma creci significativamente la produccin algodonera y el desmote del textil en la zona centro del Chaco y de Formosa, mar-ginalmente en Corrientes, la produccin yerbatera en distintas reas de Misiones y Corrientes, el tabaco en el litoral de esta provincia recostada sobre el ro Paran, la produccin ganadera en las reas ya desmontadas en Chaco, Formosa y Corrientes. Y estas producciones se desarrollaron mayoritariamente en reas de tierras pblicas, aunque tambin privadas, que quedaron fuera de la apropiacin primitiva del ciclo anterior que buscaba prioritariamente la explotacin forestal.El estado central jug una activa poltica impulsora de la produc-cin algodonera, yerbatera, y como prerrequisito, una poltica de tierras colonizacin oficial- tendiente a arraigar a inmigrantes en la regin mediante la entrega de tierras en parcelas de no ms de 100 ha pagaderas a un largo plazo y teniendo como destino la produccin de esos nuevos rubros. La siembra de yerbales era una obligacin para recibir tierras fis-cales en Misiones. As mismo, desde el Ministerio de Agricultura nacional se importaron semillas mejoradas en el caso del algodn, se promovi la construccin de infraestructura caminera para las nuevas reas en pro-duccin, se establecieron desmotadoras oficiales para promover el cultivo, por ejemplo, en Formosa. Este tipo de ocupacin del territorio y de produccin dio origen a un amplio sector de pequeo-medianos productores cuya produccin e in-gresos mejoraban conforme al mejoramiento de las condiciones de vida de la poblacin del conjunto del pas, el proceso de industrializacin con el desarrollo de la industria textil, del procesamiento local de la yerba mate y del tabaco, la industria de los cigarrillos, etc., que implicaba demanda de materias primas del NEA. Paulatinamente el pas en este ciclo se hizo autosuficiente en la produccin y consumo de prendas textiles de algo-dn, as como de yerba mate, que se constituy en una bebida tradicional de la mayor parte de la poblacin. A ttulo de ejemplo del significado de ese mercado interno en un rubro de importancia para el NEA, sealemos que hacia fines de la dcada del 50 y primeros aos del 60 el consumo per capita de algodn en el pas alcanza los niveles ms altos registrados aprox. 5 kg./persona/ao.61Medianos productores algodoneros fueron ampliando sus reas ex-plotadas incorporando trigo, girasol, maz y ganado y as se comenz a constituir una fraccin de los mismos en una burguesa agraria, particu-larmente en Chaco.Esta particularidad de ocupacin territorial cambi sustancial-mente la estructura social-agraria de prcticamente todas las provincias del NEA con la excepcin de Corrientes donde la colonizacin tuvo un impacto marginal en la estructura de tenencia de la tierra. Al lado de las grandes superficies concentradas en pocas manos orientadas a la ex-plotacin forestal y ganadera, se afianza un amplio sector de pequeas-medianas explotaciones algodoneras, yerbateras, ganaderas, mixtas, que controlaban la mayor parte de la produccin de esos rubros. Por ejemplo, alrededor de 1960 las explotaciones de hasta 25 ha de algodn consti-tuan el 80% de las mismas y cubran el 60% del rea algodonera, superfi-cie algodonera que comenz en Chaco con 40.000 ha. sembradas alrededor de 1925 y alcanz las 400.000 ha. en 1960. El modelo productivo de la poca -del oro blanco y del oro ver-de- giraba alrededor de la explotacin familiar, mantenida con mano de obra familiar en el perodo de siembra y mantenimiento del cultivo con el avance de la tractorizacin-, pero que requera enormes contingentes de mano de obra para la cosecha que se mantuvo en forma manual hasta mediados de la dcada de los ochenta en el caso del algodn y que an se mantiene en esas condiciones en el caso de la yerba mate. La mquina cosechadora de algodn ya se utilizaba en otros pases algodoneros del mundo y en el nuestro durante este perodo su introduccin estaba limi-tada por la existencia de un extendido ejrcito de trabajadores del campo sin ocupacin permanente en las propias provincias algodoneras y en las provincias lindantes. Son producciones mano de obra intensivas que bajo estas condiciones de escasa mecanizacin de la cosecha, requieren miles de trabajadores estacionales. En el caso del Chaco y Formosa, un contin-gente importante de estos braceros estaba constituido por las poblaciones indgenas locales. Recordemos que hacia la segunda dcada del siglo XX el gobernador del Chaco impidi, mediante decreto, la salida de braceros hacia Salta y Jujuy para la recoleccin de caa de azcar. En los momen-tos de mayor expansin algodonera, Chaco requera de entre 40-50.000 braceros para levantar la cosecha; en lo referente a la cosecha de yerba mate, en la actualidad se requieren aproximadamente 25.000 tareferos para dicha cosecha. En estas condiciones, este enorme ejrcito de reserva participaba muy marginalmente de los beneficios de la pequea-mediana 62explotacin algodonera y como consecuencia de esta situacin a lo largo de la expansin de estos cultivos se produjeron paros y protestas obreras.Este sector productivo de pequea-mediana explotacin muy ex-tendida en estos cultivos regionales se articulaba con los eslabones posteriores de la cadena productiva: las desmotadoras-hilanderas de al-godn, los molinos-comercializadores de la yerba en el mercado interno, los acopiadores-fbricas de cigarrillos en el tabaco, eslabones de la cadena de valor que nacieron muy concentrados y, por tanto, trataban de pagar lo menos posible por la materia prima.Esta situacin de desigualdad de posibilidades en el mercado para que los pequeos productores pudiesen retener una mayor parte del pre-cio final del producto que les permitiera por lo menos a una fraccin de ellos un proceso de acumulacin, fue facilitada por la accin del estado nacional a travs de los distintos organismos de intervencin en esos mercados: la Junta Nacional del Algodn, la Comisin Reguladora de la yerba Mate, la Junta Nacional de Granos, el Instituto Argentino de Promo-cin del Intercambio (IAPI) que mediante distintas acciones intervena en la fijacin de un precio sostn para la materia prima (algodn, yerba, granos), compraba excedentes de produccin para evitar bajas muy gran-des de precios al productor, impulsaba la constitucin de cooperativas de productores para el desmote de algodn, es decir, una poltica activa del estado de proteccin de esta pequea-mediana produccin. La larga depresin regional y la reestructuracin productiva y social (aproximadamente 1970-90)El ciclo econmico-social a nivel nacional se caracteriza, en aque-llos aspectos que tienen fundamental importancia en sus impactos regio-nales, por el significativo deterioro del mercado interno como eje dinami-zador de la economa, el deterioro de las condiciones de vida del conjunto de la poblacin, el retraimiento de la funcin reguladora del estado y una cada vez ms desigual distribucin del ingreso nacional.La reduccin de la demanda interna afecta significativamente la regin: el consumo interno de algodn pasa de 4,60 a 3,60 kg./ao por persona entre 1960 y 1970. Como consecuencia el rea algodonera que afecta a Chaco y Formosa pasa de 400 mil a 250 mil ha en las mismas fe-chas. El rea yerbatera experimenta profundas oscilaciones con crisis de sobreproduccin y precios reducidos, llegndose incluso a prohibir nuevas plantaciones. Si bien formalmente permanecen los organismos pblicos 63de regulacin (Junta Nacional del Algodn, Comisin Reguladora de la Yerba Mate, Junta Nacional de Granos), la poltica neoliberal nacional hace que su intervencin a fin de limitar el deterioro de los pequeos y medianos productores con relaciones asimtricas en la cadena agroindus-trial, no tenga efectividad. Por otra parte paulatinamente comienza una apertura del comercio exterior, con lo cual algunas de las producciones regionales -por ejemplo el algodn- comienzan a ser afectadas por impor-taciones competitivas. No nos detenemos en el impacto social sobre la ganadera regional puesto que esta actividad ha tenido tradicionalmente una dbil demanda ocupacional, aunque posteriormente sealemos algu-nos cambios productivos en la misma. El pas sobrelleva el peso de dos dictaduras y del terrorismo de estado que, entre otros objetivos, persigue domesticar a los sectores populares cuyo nivel de salarios se ve deteriorado. El capital financiero enquistado en el poder durante muchos aos de este perodo busca su valorizacin a travs del mismo sector financiero altas tasas de inters, por ejemplo-, conjunto de factores que conducen a un rpido proceso de infanticidio industrial con la desaparicin de una gran cantidad de Pymes industriales y la concentracin en unas pocas ramas con esca-sos eslabonamientos hacia atrs y hacia adelante (procesos continuos integrados verticalmente como la siderurgia de laminados, la qumica y petroqumica, etc.).A nivel regional estas estrategias nacionales conducen a la des-aparicin de un gran nmero de las pequeas-medianas unidades de pro-duccin que caracteriz el ciclo anterior. Si bien este proceso se observa tambin en el conjunto del pas con la reduccin de los pequeos produc-tores en el rea pampeana, por ejemplo, el proceso tiene mayor impacto en estas economas regionales donde la pequea-mediana produccin sos-tuvo un ciclo de expansin productiva y mejoramiento social del conjunto regional.A ttulo de ejemplo de este proceso sealemos que en una dca-da -1960/70- las pequeas explotaciones algodoneras perdieron cerca de 4.000 unidades productivas. Los pequeos productores yerbateros -con plantaciones de no ms de 5 ha de yerbales- entran en un proceso de deterioro y se mantienen en pie con rendimientos cada vez menores, con abandono de yerbales que han sobrepasado su vida til productiva, sin capacidad de renovacin, con entrega de estas deterioradas plantaciones a los acopiadores, todo lo cual evidentemente conduce a un deterioro de sus condiciones de vida.64Las altas tasa de inters que benefician al capital financiero ori-ginan procesos significativos de endeudamiento entre los pequeos pro-ductores y se asiste al remate primero de sus instrumentos de trabajo-tractores, etc.- y rpidamente de sus campos, lo que contribuye a un proceso de concentracin de la tierra.La relacin de precios campo-ciudad en prcticamente todas las actividades agropecuarias y no solo en esta regin, son desfavorables para el productor algodonero, yerbatero; esto significa que los precios a que venden su produccin corren lentamente pero siempre muy atrs de los precios del resto de la economa, tanto de los insumos de trabajo como principalmente de los alimentos, la salud, los servicios, etc. Durante este ciclo se asiste tambin a la paulatina reduccin de la actividad forestal-taninera: por una parte, el tipo de explotacin extrac-tiva del quebracho y de las maderas duras sin ningn tipo de forestacin lleva a la enorme disminucin de especies ahora muy dispersas, aumen-tando los costos de su extraccin; la posibilidad de explotar en frica la mimosa -especie de madera dura muy resistente y con potencialidad tnica, que adems crece en un tiempo significativamente menor al que-bracho-, hace que toda la actividad forestal regional se canalice hacia una significativa reduccin. Como parte de este proceso, algunas de las fbricas de tanino de la regin dejan de operar y las pocas restantes lo hacen a niveles menores, comparativamente con el ciclo anterior, de muy baja produccin.El impacto de esta significativa reduccin de la economa en acti-vidades mano de obra intensivas como la algodonera, forestal, yerbatera, origina un profundo deterioro de las ya deprimidas condiciones de vida de la masa de trabajadores, principalmente braceros de esas cosechas, que experimentan la drstica reduccin de sus fuentes de trabajo regional, sin alternativas en otros sectores de la economa urbana industrial de la regin, lo que conduce a dinamizar un proceso de emigracin hacia los conurbanos villeros del Gran Resistencia, de Posadas y hacia las ciudades del litoral (Rosario-Buenos Aires).Esta conflictividad social se vio reflejada en los movimientos y or-ganizaciones de los pequeos-medianos productores que trataban de de-fenderse de la adversidad del mercado: surgen y se desarrollan las Ligas Agrarias en todas las provincias y, con ms fuerza en Chaco, Formosa y Misiones, y pueden expresarse inicialmente en el perodo entre dos dicta-duras (1973-76) para luego reaparecer con la democracia, pero diezmadas. Este movimiento tuvo expresiones conformes a la estructura social agraria que caracterizaba y diferenciaba a las provincias de la regin: en el caso 65del Chaco y Misiones, las reivindicaciones se orientaba bsicamente a la defensa del precio de sus producciones- algodn, yerba, cereales-, a mejorar las condiciones del crdito para la produccin, a fortalecer los organismos de regulacin pblica de esas producciones frente al sector concentrado de desmotadoras, hilanderas y molinos yerbateros, as como a presionar por la titulacin de las tierras que ocupaban como producto de la colonizacin. En cambio, en Formosa, donde la estructura social agraria tena rasgos ms campesinos, la defensa de los muy pequeos productores (la mayora) se orientaba a asegurar la ocupacin y tenencia de sus tierras que en buena parte eran de ocupacin tradicional, careciendo de ttulo-, que eran ame-nazadas por los grandes latifundios ganaderos: ambos sectores -pequeos algodoneros, tpica explotacin familiar con un promedio de no ms de 5-10 ha de algodn, por ejemplo, con traccin animal, etc., y grandes uni-dades ganaderas, sociedades annimas-, queran asegurarse las reas de potencial agrcola del este de Formosa (las tierras hmedas), los primeros para desarrollar sus cultivos comerciales en reducidas superficies, y los segundos debido a que la modernizacin ganadera requera dedicar esas reducidas superficies de potencial agrcola a la produccin de pasturas y forrajes. De hecho, el movimiento de las Ligas Agrarias sufri el terrorismo de estado, con dirigentes y militantes desaparecidos o encarcelados. Con la democracia este movimiento renace pero con la potencialidad organi-zativa y de capacidad de movilizacin limitadas por estos antecedentes, por la reduccin significativa de pequeos productores y a las condiciones socioeconmicas a que estuvieron sujetos. El desarrollo social es heterogneo: frente a los perdedores del pro-ceso- pequeos productores, trabajadores rurales y urbanos, etc.-, forta-lece una fraccin agraria nacida en el proceso de colonizacin del ciclo anterior que, ampliando la dimensin de sus explotaciones, ha iniciado un proceso de diversificacin agrcola incorporando producciones pam-peanas -trigo, maz, girasol-, lo que les permita depender menos del mo-nocultivo algodonero con precios en reduccin, y aumentar el volumen de sus negocios, sus ingresos y encaminarse a un proceso de capitalizacin. Por ejemplo, los antiguos contratistas de la explotacin forestal que se transforman en empresarios ganaderos, etc. Y este proceso fue acompaado por polticas pblicas que buscaban aumentar y/o diversificar las producciones provinciales tradicionalmente atadas a la monoproduccin y fundamentalmente impulsar la incorpo-racin de paquetes tecnolgicos que permitan hacer ms eficiente estas producciones, aumentar los rendimientos. Por ejemplo, en este ciclo se lanzan las lneas de crdito supervisado con fondos del BID para la pro-66duccin ganadera, cerealera y algodonera de la regin, con una interven-cin muy importante del INTA en la difusin de nuevas variedades de semillas, gentica bovina, pasturas, impulso a una mayor tractorizacin, etc. Este financiamiento contribuye al fortalecimiento de una pequea burguesa local, especialmente en el caso de Chaco, que contribuye al de-sarrollo de una estructura social-agraria ms heterognea que la del ciclo anterior, caracterizada masivamente por la extensa capa de pequeos productores fruto de la colonizacin. Cabe sealar que el sector de la gran ganadera, es decir, de las gran-des explotaciones ganaderas tradicionales de Corrientes, Formosa y Chaco fruto del proceso de acumulacin originaria de la tierra, pero tambin de subdivisiones y adquisiciones por nuevas empresas de capital nacional y extranjero por ejemplo, el complejo Swift-Deltec que en Formosa llega a concentrar ms de 200.000 ha-, inician un proceso de integracin de la ganadera regional con la pampeana mediante la articulacin de la etapa de cra y reproduccin en la regin con el engorde y el terminado del no-villo en la zona pampeana (Santa Fe, Crdoba, Buenos Aires), donde esas empresas tambin tenan campos para engorde. De esta forma se lograba un animal con carne de calidad para la exportacin o el consumo interno y no exclusivamente para carne enlatada o congelada, como era tradicional y caracterizaba la ganadera en el anterior ciclo. En un momento este tipo de articulacin que implicaba contar con tierras en ambas regiones y solven-tar los costos del traslado, etc. tuvo cierto auge pero limitado a las grandes empresas de la regin. Esta articulacin no prosper mucho seguramente debido al ciclo de depresin de precios y de liquidacin del stock que afect a la ganadera nacional. Y como veremos posteriormente, a fines de la d-cada de los ochenta se inicia un proceso de reestructuracin significativa de la ganadera regional que est en plena expansin. La actual redefinicin de la insercin regional en la economa nacional: crecimiento productivo, concentracin econmica, nuevo dinamismo de la agroexportacin y crecientes niveles de exclusin social (aproximadamente 1990 en adelante)Teniendo en cuenta el largo perodo de estancamiento de la econo-ma nacional y regional, la paulatina reduccin de la participacin de la pequea y mediana explotaciones en el producto regional, caractersticas 67de estas economas regionales, el ciclo que se inicia a fines de los 80 con-solida una estructura econmica y social significativamente distinta a los anteriores momentos y cuyos rasgos esenciales prevalecen y se fortalecen en nuestros das.La dcada del 90 se inicia con la Reforma del Estado y el llamado Plan de Convertibilidad cuyos pilares fundamentales son: privatizacin de las empresas del Estado; apertura de la economa; convertibilidad del peso a un cambio fijo; y desregulacin de la economa. Interesa sealar los principales impactos de estas medidas nacionales a nivel regional: la apertura indiscriminada de la economa implica que el mercado interna-cional est dentro mismo del pas y que todas las producciones naciona-les, no slo las que estn orientadas a la exportacin, sino igualmente las tradicionales para el mercado interno, tienen que competir internamente con similares productos importados. Tal vez en la regin el caso emblem-tico es el del algodn, que signific por una parte una reduccin muy sig-nificativa del rea cultivada en Chaco, Formosa y Corrientes por la compe-tencia que significaba la importacin de prendas de ese textil, con ciclos de enorme reduccin de la superficie y de posteriores aumentos, pero sin alcanzar nunca las extensiones del ciclo anterior. Por otra parte, como se analiza ms adelante, la competencia con la produccin importada solo se poda enfrentar mediante un fuerte proceso de inversin a nivel de fincas, desmotadoras, que solo estaba al alcance de las gran produccin. La competitividad de la indumentaria importada frente a la nacional y su impacto sobre la produccin primaria, se agudiz hacia la segunda mitad de la dcada del noventa con la paulatina sobrevaluacin de la moneda local frente a las divisas, lo que dinamiz an ms la importacin.Otras producciones regionales como la yerba mate, la ganadera vacuna, etc., experimentaban el achicamiento del mercado interno, par-ticularmente en aquellos rubros de consumo popular. Recordemos que mientras que alrededor de la dcada del 60 los salarios participaban aproximadamente en un 50% del ingreso nacional, en este ciclo y hasta la actualidad esa participacin alcanza al 35%. La apertura econmica tambin facilit la importacin de insumos agropecuarios (por ejemplo agroqumicos y maquinaria) en la medida que la relacin insumo-produc-to las favoreca. La desregulacin econmica en el subsector primario tuvo impac-tos importantes en esta regin, donde el estado tradicionalmente y por muchos decenios anteriores protega a la pequea y mediana produccin. En efecto, se disolvieron las juntas reguladoras de distintas producciones regionales: del algodn, de granos, de la yerba mate, aunque en este caso 68a inicios de la primera dcada de este siglo, fueron recreadas algunos de ellos, por ejemplo, el INYM en yerba, pero con atribuciones e impacto marginal en relacin a la anterior CRYM. Esto implic que los precios recibidos por el pequeo/mediano productor algodonero, yerbatero o ta-bacalero estuviesen continuamente en retroceso o, en otras palabras, que la parte del valor que retenan los productores primarios constitua una parte cada vez menor en trminos reales, respecto al precio del producto final, debido a la gran concentracin existente en los encadenamientos de procesamiento industrial y de comercializacin. El Fondo Nacional del Tabaco constituy ms bien un recurso para mantener la colocacin del producto en los mercados internos y externos por parte de los grandes grupos trasnacionales que lo procesan y comercializan. La desregulacin signific tambin el aumento del costo del cr-dito agropecuario, y de una variedad de servicios ahora privatizados: transporte, salud, educacin, etc. En este mismo sentido, la privatizacin de instalaciones de desmonte -que haban promovido el desarrollo de actividades productivas en nuevas reas del NEA, acopio y silos termina-les-, contribuyeron a elevar costos de esas producciones que impactaban diferencialmente en los distintos sectores productivos.En este contexto de poltica econmica nacional y a fin de que las producciones regionales puedieran competir con los precios internaciona-les de esos rubros, la rentabilidad empresarial dependa de logar niveles de productividad de los factores de produccin que los hicieran compe-titivos en el mercado globalizado, y esa productividad -que se traduca en precios competitivos-, en ausencia de devaluaciones, solo se podra alcanzar mediante la fuerte incorporacin de tecnologa en los distin-tos rubros, es decir, inversiones importantes ms all del capital tierra: maquinaria costosa para siembra directa, tractores de mayor potencia, cosechadoras de algodn, etc.-; insumos agroqumicos -herbicidas, ferti-lizantes-, etc.; nuevas variedades de semillas genticamente modifica-das en soja, algodn, etc.; infraestructura de riego principalmente para arroz y soja; expansin de forrajeras que requiere la nueva ganadera (agriculturizacin de la ganadera), as como mejoramientos genticos e instalaciones de apotreramiento, etc. que implic el desarrollo de una ganadera de ciclo completo.En sntesis, el desarrollo de una agricultura capital intensiva en comparacin con lo que la caracterizaba en los ciclos anteriores. Y esta caracterstica atraviesa todas las producciones regionales, tanto las tra-dicionales del rea-algodn, t, tabaco, ganadera y en menor medida, la 69yerba, con sus particularidades de incorporacin tecnolgica-, como las nuevas producciones: soja, arroz, forestoindustria.Ahora bien, qu sectores tenan la posibilidad, contaban con los recursos necesarios para incorporar esta tecnologa, estas inversiones de capital? No lo estaban los pequeos/medianos productores sobrevivientes de un largo ciclo de continuo achicamiento, deterioro de sus condiciones de competitividad y reduccin del nmero de los mismos. En efecto esta nueva agricultura es comandada por y est concentrada en- grandes unidades de produccin: en algodn, el 2,2% de las explotaciones en Cha-co, de ms de 200 ha con el textil controlan el 30% del rea sembrada; en soja en esa misma provincia, las unidades de ms de 1.000 ha de ese rubro controlan el 50% de su superficie; en arroz -Corrientes-, las EAPs de ms de 1.000 ha sembradas cubren el 88% del rea de ese rubro; en t tambin en Corrientes- el 22% de las EAPs tienen el 96% del rea; las forestaciones de ms de 1.000 ha implantadas cubren el 84% del rea (promedios de los aos 2002/2010). Con esto no se quiere decir que la pequea/mediana produccin ha desaparecido, sino que se ha reducido significativamente la importancia productiva y social que tena en mo-mentos anteriores del desarrollo regional.Frente a esta concentracin de la produccin primaria en viejos y nuevos rubros productivos, se mantiene una produccin atomizada signi-ficativa en yerba, tabaco y an, en algodn que, como se dijo, se articula asimtricamente con los eslabones concentrados de acopio-desmote-pro-cesamiento, y comercializacin interna y externa que reduce constante-mente las posibilidades de una transformacin cualitativa de su situa-cin, es decir, de un proceso de capitalizacin.Los nuevos rubros que dinamizan de esta forma la agricultura re-gional estn orientados a la exportacin: soja, arroz, tabaco, forestoin-dustria y, en menor medida, algodn ; la ganadera en proceso de trans-formacin productiva hacia una actividad de ciclo completo, va en esta misma direccin.Es decir, la regin entra en un nuevo ciclo caracterizado por el dinamismos de la agroindustria de exportacin, es decir, por el mercado externo, basada significativamente en la extraccin de los recursos natu-rales de la regin. Si bien gran parte de estos rubros recibieron un gran empuje por la devaluacin del 2001-02, su crecimiento ha sido producto de aquella intensificacin de capital en la produccin agropecuaria y de otras circunstancias que resumidamente enumeramos: la posibilidad del desarrollo de commodities pampeanas, prin-cipalmente soja, por la existencia de un ciclo hmedo en el 70suroeste de la provincia del Chaco; y tambin de maz, girasol, sorgo o trigo; el diferencial de precios de la tierra entre esa zona y la pam-peana a favor de aquella que unida a la devaluacin, y a la constante alza del precio internacional de la soja, permiti que an con costos mayores debido fundamentalmente al flete a los puertos del litoral, atrajera a inversores, agricultores y empresas agroindustriales a producir en esta regin; el proceso de privatizacin de tierras fiscales en el suroeste de esa provincia tambin durante la dcada del 80 y 90 facilit la compra de ellas ahora con gran capacidad productiva y alent la especulacin de reventa de tierras fiscales; las posibilidades abiertas con el Mercosur fue un factor indu-dable en el enorme crecimiento de la produccin de arroz con destino casi exclusivo a Brasil; la foresto industria fue promovida con importantes medidas de desgravacin impositivas y la informacin seala concreta-mente que las plantaciones fueron en su mayor parte producto de las mismas; la ganadera regional, que paulatinamente experimento trans-formaciones productivas importantes, mejorando la calidad de los rodeos, avanzando hacia el ciclo completo y la produccin de un animal con calidad crnica aceptada en los mercados exigentes del interior y exterior, tiene un nuevo impulso por la agriculturizacin-sojizacin de amplias zonas de inverna-da de las provincias pampeanas, principalmente del oeste de Buenos Aires y que en alguna medida empuja el desarrollo del ciclo completo en la regin, frente a la anterior articulacin de cra en el norte e invernada en la pampeana. Asistimos a una relocalizacin significativa del stock vacuno en la cual la zona pampeana reduce ese stock y la regin NEA y NOA aumentan la proporcin del stock vacuno nacional.Este proceso de desarrollo de un capitalismo agrario muy concen-trado implic distintos grados de conflictividad entre los sectores socia-les involucrados, alrededor de la ocupacin-tenencia de la tierra, del agua y de los recursos del monte: en trminos generales se trata del avance de la gran explotacin agropecuaria sobre tierras tradicionalmente ocupa-das por puesteros-pequeos productores criollos, poblaciones indgenas, tierras que se valorizan por las posibilidades de desarrollo agropecuario 71intensivo, conflictos que se manifiestan de distinta forma: cercamientos que impiden el paso tradicional a los pobladores y campesinos; nuevos propietarios de tierras ocupadas tradicionalmente por esos sectores, mu-chas veces con ttulos de dudosa legalidad, que desarrollan acciones judi-ciales a fin de obtener el desalojo de los ocupantes, frecuentemente con el empleo de la fuerza pblica y grupos de seguridad privados; las propias fuerzas del mercado que empujan a pequeos productores a vender sus tierras con una produccin deteriorada -como los yerbales envejecidos- a las empresas de forestacin, etc. Debe tenerse en cuenta que muchas de estas reas de frontera donde se desarrollan nuevas actividades producti-vas han estado en reserva por muchos decenios, ya sea por abandono de su explotacin una vez extradas las maderas valiosas, por ubicarse en reas que no ofrecan rentabilidad al gran capital y donde se localizaban una gran cantidad de ocupantes en una economa de cuasi subsisten-cia. El NEA constituye el rea del pas donde encontramos la mayor can-tidad de ocupantes de tierras fiscales y privadas, con autorizacin y de hecho y que, debido a la carencia de ttulos registrados, se encuentran en una situacin de gran inestabilidad de la tenencia de sus tierras.Las paradojas contradicciones del crecimiento econmico: para qu, para quinesLa regin NEA evidencia en los ltimos veinte aos un importante desarrollo de las fuerzas productivas: aumento significativo del valor de la produccin agropecuaria y agroindustrial; diversificacin productiva con la incorporacin de commodities pampeanas y nuevas producciones antes casi inexistentes como el arroz.- o el crecimiento de actividades productivas agroindustriales como la foresto industria que, sin embargo, no modificaron radicalmente el perfil primario que caracteriza la regin. Este aumento productivo fue posible mediante la incorporacin de fuer-tes inversiones tecnolgicas que al aumentar en forma exponencial los rendimientos fsicos de los cultivos/ganadera as como la produccin por hombre ocupado, permiti que la mayor parte de las actividades producti-vas regionales adquiriesen una competitividad que les permiti satisfacer la demanda interna y, fundamentalmente, conquistar mercados externos en el mundo globalizado. Como se analiz, el desarrollo de una agricultu-ra capital intensiva caracteriza a las tradicionales producciones del NEA como a las nuevas. El desarrollo capitalista agrario en profundidad impli-c la desaparicin de una gran cantidad de pequeas explotaciones, pe-72queos productores y la concentracin de los frutos del progreso tcnico en un nmero reducido de grandes empresas. El desarrollo del capitalismo agrario siempre ha implicado un gran impacto sobre la poblacin que obtena sus magros ingresos de explota-ciones tradicionales: la incorporacin de nuevas tecnologas en nuestra regin, la mecanizacin de las cosechas de los cultivos anteriormente realizadas en forma manual algodn, t,- siembra directa, la sustitu-cin de actividades intensivas en mano de obra por ejemplo la pequea agricultura de los ocupantes cercana a la subsistencia- por actividades menos intensivas en ocupacin (ej. la forestacin); o el requerimiento de forrajes para la nueva ganadera con una produccin mecanizada implica-ron tambin el arrinconamiento de pequeos agricultores sin tierras para sus producciones tradicionales -que les permita emplear la mano de obra familiar-, ha significado una reduccin muy significativa de la poblacin econmicamente activa del sector.La gran contradiccin que observamos es que frente a esta situa-cin sintticamente presentada, la regin en su conjunto no ha tenido capacidad de recrear un desarrollo inclusivo de la poblacin expulsada de sus actividades tradicionales, el crecimiento de los otros sectores de la economa, industrial, comercial, servicios que permitiese contraba-lancear el xodo rural a los conurbanos marginalizados de las capitales provinciales -el Gran Resistencia, el Gran Posadas, etc.- y la emigracin hacia las ciudades del litoral, igualmente sin capacidad de generar traba-jo digno. Es decir, no se generaron condiciones a fin de dinamizar la eco-noma de las ciudades y pueblos del interior de la regin: agroindustrias de transformacin de soja, sorgo maz en carne aviar, porcina, lcteos, etc., industrializacin de la cadena algodonera en su lugar de produccin, frigorficos para el procesamiento de aquellos productos, muebles y pro-duccin de papel y cartn a partir de la forestoindustria en el lugar de origen, de la madera, etc. El sesgo econmico-social del crecimiento productivo de la regin no solo expulsa mano de obra de actividades tradicionales, sino que est basado en la extraccin de recursos naturales con casi nulos eslabona-mientos locales; el estancamiento del conjunto de la economa regional no contribuy a crear las actividades econmicas que pudieran limitar los enormes dficits en condiciones de vida, desocupacin, etc. que afecta el conjunto de la regin.En efecto, comparando los ltimos vente aos, la poblacin ocu-pada en las ramas de industria, comercio y servicios experimenta en el NEA una reduccin muy significativa en trminos absolutos; a diferencia 73del resto de regiones del pas, el NEA muestra los saldos migratorios ms negativos; la tasas de desocupacin y subocupacin de sus grandes ciuda-des es significativamente alta; las provincias evidencian una proporcin mayor de empleo informal que el resto del pas y una mayor proporcin de empleo estatal de baja productividad; la proporcin de poblacin bajo la lnea de pobreza es significativamente ms elevada en relacin al con-junto nacional; y el nivel de mortalidad infantil est muy por encima de promedio nacional. Ahora bien: este panorama desolador desde la perspectiva de las condiciones de vida de la poblacin del NEA muestra las contradiccio-nes entre crecimiento econmico y el desarrollo entendido este como una sustancial mejora en las condiciones de vida, en la calidad de vida de nuestras poblaciones. La problemtica de las economas regionales, de las regiones de menor desarrollo relativo tiene que ver con la escasa capacidad de recrearse, de crear condiciones para gestar un proceso econmico dinmico que le permita evolucionar y ampliar la oferta de bienes y servicios, complejizar dicha oferta con productos de mayor valor agregado, mejoras productivas, empleo, lograr que la mayor parte de la poblacin participe de ese circulo virtuoso y dinamizar el tejido empre-sarial pblico-privado. Es decir, se trata de orientar el desarrollo en esta direccin.Es evidente que esta temtica, de las reas de menor desarrollo relativo y qu hacer al respecto, supera los lmites de este trabajo. Sin embargo nos parece importante dejar sentado algunas consideraciones al respecto. En primer lugar, no compartimos la visin de inevitabilidad del tipo de crecimiento econmico con exclusin social, de la omnipo-tencia de las fuerzas del mercado que ha conducido a los actuales rasgos crticos de la poblacin del NEA. Si bien la incidencia de estas fuerzas es evidente, no fue automticamente directa; la sociedad no parece ser un mecanismo relojero: en este jardn de los senderos que se bifurcan. Fue la responsabilidad de los actores sociales y sus grupos de poder, el timn que casi siempre seleccion, orient algunos de los posibles derroteros de aquellos procesos (Bolsi, 2004). En este sentido hay en el pas un conjunto de estudios-programas-propuestas para el desarrollo regional tendientes a identificar los encadenamientos productivos, las cadenas de valor que permitan orientar un crecimiento con desarrollo, incluidos los trabajos desarrollados por organismos como CEPAL, INTI, universidades y agencias del sector pblico nacional. Es decir, a nivel regional sabemos que no hay que repetir acciones unilaterales como por ejemplo, centrar exclusivamente la promocin regional en programas de desgravaciones 74impositivas, crdito subsidiado, etc., bajo la perspectiva que en s mismos produciran un efecto de derrame econmico-social en las provincias. Como se dijo, conocemos algo de lo que se podra hacer concretamente en este sentido2. Consideramos que para llegar a una propuesta de creci-miento econmico con inclusin social, se debe partir de algunos requi-sitos y principios orientadores3: en relacin a los primeros, es necesaria la existencia de un proyecto nacional de desarrollo orientado a la pro-gresiva reversin del proceso de reprimarizacin productiva y de apoyo a la diversificacin de la matriz econmica nacional, y la recuperacin de las capacidades del Estado y de la estrategia pblica de planificacin integral del desarrollo econmico territorial a mediano y largo plazo. En cuanto a los principios orientadores, diferenciar las polticas orientadas a crear o fortalecer la competitividad de los complejos o aglomeraciones productivas, de aquellas para la construccin de entramados productivos, mercados y ms en general, condiciones locales-regionales de trabajo e in-greso. Se trata de una jerarquizacin de problemticas diferentes, aunque no por ellos irreconciliables con la anterior, que apunta a disear incenti-vos y apoyos que contribuyan a quebrar el estrangulamiento estructural de las actividades y actores que tienen potencial para inducir correas de trasmisin econmica hacia adentro. [] Tambin se debe diferenciar de las polticas asistenciales, focalizadas en diferentes situaciones de pobreza (rural, urbana), que pueden complementar pero de ningn modo reemplazar la orientacin y los objetivos especficos aqu propuestos. [] Gran parte de las intervenciones que atienden problemticas territoriales son de carcter transversal (infraestructura: caminos comunicaciones, 2 Por ejemplo, en el reciente trabajo: Lineamientos para una Estrategia de Desarrollo de las provincias de menor desarrollo relativo: Corrientes, Formosa, Jujuy, La Rioja, Misiones, Salta, Santiago del Estero y Tucumn, bajo la direccin de la Lic. Silvia Gorestein, trabajo realizado como parte del Programa de Fortalecimiento Institucional de la Secretara de Poltica Econmica del Gobierno Nacional. Diseo de Estrategias y Polticas, Articulacin de la Poltica con Otros Sectores, septiembre 2010, Informe Fi-nal, p. 130. Al respecto de los instrumentos para la promocin productiva que se estn implementando en el NEA y NOA, este trabajo concluye: Por un lado la escasa magni-tud de los fondos que, paradjicamente, se destinan a las provincias ms rezagadas del pas. Por otro lado, dado sus caractersticas, los instrumentos utilizados contribuyen al statu quo (productivo, performance empresarial) y en trminos ms generales, al esquema de acumulacin y distribucin de ingresos existente [] En ese marco, el fe-nmeno ms destacable es el ostensible sesgo inversor hacia el aprovechamiento de las dotaciones provinciales de recursos naturales bsicos, con todas las implicancias que esto tiene sobre el perfil y la dinmica empresariales, la distribucin y el destino de los excedentes generados, as como sobre el grado de subdesarrollo de las respectivas estructuras socio-econmicas3 Seguimos aqu las conclusiones del trabajo anteriormente mencionado, p.149.

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